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La frase clave del documento, que resume el común entendimiento sobre la justificación por parte de católicos y luteranos, se puede encontrar en el párrafo n. 15: Confesamos juntos que no sobre la base de nuestros méritos, sino sólo por medio de la gracia y en la fe en la obra salvífica de Cristo, somos aceptados por Dios y recibimos el Espíritu Santo, que renueva nuestros corazones, nos habilita y nos llama a realizar las buenas obras. Es una frase que recoge en lenguaje actual el canon del Concilio de Trento que decía lo mismo con términos de la época, mucho más coloridos: Si alguno dijere que el hombre se puede justificar para con Dios por sus propias obras, hechas o con solas las fuerzas de la naturaleza, o por la doctrina de la ley, sin la divina gracia adquirida por Jesucristo, sea excomulgado.
Monseñor Kasper considera que el acuerdo ya no sólo permite hablar a luteranos y católicos, sino también estar de acuerdo sobre cuestiones fundamentales. Ahora bien, es un paso; no hemos llegado a la unidad de la Iglesia. Existen muchas cuestiones abiertas. No sólo en torno a la doctrina de la justificación, sino sobre todo en cuestiones relativas a la Iglesia, al ministerio ordenado, a los sacramentos. Sobre estas cuestiones hay que discutir todavía. Pero esta esperanza nos da esperanza y valentía. Si se continúa el diálogo con paciencia, se puede llegar a otros acuerdos, cuyo objetivo es la plena unidad. |
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Algunos círculos protestantes se lamentan porque todavía no pueden recibir la comunión en la Eucaristía católica. Es una cuestión muy importante -dice Kasper-. Sobre todo en Alemania, donde los católicos y los protestantes constituyen casi las dos mitades de la población y existen muchos matrimonios interconfesionales. Se pide que los dos cónyuges puedan participar juntos, el domingo, en la Eucaristía. Para nosotros los católicos, la Eucaristía y la comunión eclesial son una misma cosa. No se trata simplemente del gesto de comulgar, sino de tener una misma fe. Por eso es necesario alcanzar la comunión eclesial antes de llegar a la comunión eucarística.
Jesús Colina. Roma |