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Javier Zubiri, filósofo: Lo que suele llamarse ateísmo suele consistir casi siempre en negaciones de cierta idea de Dios: por ejemplo, la contenida en el credo cristiano. Mas la no creencia en el cristianismo y, en general, la no aceptación de una cierta determinada idea de Dios, no es rigurosamente ateísmo.
Karl S. Jung, psicoanalista: Durante los últimos 30 años he tratado a muchos centenares de pacientes, en mayor número protestantes. Entre todos mis pacientes de edad superior a los 35 años no ha habido ninguno cuyo problema en última instancia no haya sido el de encontrar un sentido religioso para su vida. Claude Tresmontant, filósofo: Al cabo de los años, constato con mis estudiantes que el problema de Dios les interesa enormemente, y también la teología... La atención de los estudiantes es máxima cuando se les expone el significado exacto de un dogma. Jean Guitton, filósofo: Resulta evidente que si es cierto que «Dios ha muerto», o que el problema mismo de su existencia carece de sentido, usted no tendría necesidad de plantearse el problema de la fe: caería por su base. Recordará aquella anécdota: «¿Por qué no has disparado?», pregunta Napoleón al artillero. «Por varias razones. En primer lugar, no teníamos cañones...» Napoleón no quiso saber nada más. Jean Rostand, biólogo ateo: El problema de la fe me lo planteo todos los días; me obsesiona; es un problema que vuelve a cada momento... Nunca se ha hablado tanto de Dios, como desde que ha muerto. Viktor E. Frankl, psiquiatra: En cierta ocasión me preguntó uno de los asistentes a mis clases si no admitía yo la existencia de una especie de «arquetipos religiosos», porque -decía él- no deja de llamar la atención el hecho de que todos los pueblos lleguen, con el tiempo, a una idea de Dios, que concuerda con la de los otros, lo que, según mi objetante, sólo se podría explicar mediante un arquetipo de Dios. Entonces yo le pregunté si no admitía él la existencia también de un arquetipo del número cuatro. Él comprendió rápidamente lo que yo quería insinuar, por lo que me limité a añadir: «Mire usted, con el tiempo hasta los pueblos más primitivos llegan a la convicción de que dos y dos son cuatro; muy bien pudiera suceder que para aclarar este fenómeno no necesitemos recurrir a la existencia de un arquetipo del número cuatro, porque a lo mejor dos y dos son realmente cuatro. Tal vez con Dios nos suceda lo mismo, y no necesitamos, por tanto, recurrir a ningún arquetipo divino para explicar el fenómeno de la religiosidad en el hombre. ¿No será acaso que Dios existe realmente?» Roger Bastide, profesor: Por regla general la ausencia de Dios, la liquidación de la religión, la desaparición de las diversas formas de panteísmo, deberían haber exterminado la idea de sacrilegio. Sin embargo, reaparece con gran fuerza el gusto de la profanación. Es una señal, una prueba «a contrario» de la vuelta de lo sagrado. |