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Cada año, cuando llega el Día de la Iglesia Diocesana, nuestro obispo y nuestras parroquias nos recuerdan nuestra responsabilidad y nos piden colaboración, y nos hablan también de las necesidades materiales de nuestra Iglesia diocesana.
Como expresa nuestro cardenal arzobispo en la carta que nos ha dirigido con este motivo, la finalidad de esta Jornada es darnos la ocasión de recordar y reflexionar sobre nuestra pertenencia a la Iglesia; para que valoremos y vivamos con gozo esta realidad. Sin esta experiencia, los problemas económicos de la Iglesia no serían atendidos ni entendidos por los cristianos. La misión que Jesús encomendó a sus discípulos es la de evangelizar a todos los hombres. Por eso, toda la vida de la Iglesia, incluido el dinero, está al servicio de esa misión. No sólo la predicación y la liturgia; sino también los estudios, las actividades pastorales y asistenciales y los propios bienes materiales están en función de la misión evangelizadora. Si examinamos con atención el resumen de los resultados económicos de la diócesis en el año 98, veremos que lo que las parroquias han gastado está muy relacionado con la evangelización. Y no me refiero solamente a lo que aparece como gastos pastorales, porque, para evangelizar, también son necesarias las personas, los centros de estudios y los templos, que es en lo que nos hemos gastado más de 9.500 millones de pesetas. ¿Y cómo llegan a la Iglesia -es preciso preguntarse- los recursos económicos que necesita para su misión? Desde hace siete años, coincidiendo con el Día de la Iglesia Diocesana, se relanza la Campaña de Financiación Permanente, que tiene como objetivo que las familias cristianas se comprometan, con una cuota periódica y fija, a financiar las necesidades de su comunidad parroquial y, a través de ésta, las de la diócesis. Además contamos con los cauces tradicionales de las colectas de las misas dominicales y las aportaciones ocasionales de los fieles con motivo de la celebración de algún sacramento o por cualquier otra circunstancia, sin olvidarnos de las personas que, cuando fallecen, dejan sus bienes a la Iglesia. Éstas son las fuentes principales de nuestros recursos económicos: la caridad y la generosidad de los cristianos. |
| NUEVOS TEMPLOS
Es evidente que cuantos más recursos económicos, más posibilidades de llevar a la práctica nuevos proyectos pastorales. En los últimos años, nuestra diócesis ha hecho un gran esfuerzo por lograr la plena autofinanciación. Es importante que nuestra Iglesia no tenga que depender de ayudas externas. Por ello, seguimos insistiendo, cada año, en la necesidad de que todos los cristianos nos mentalicemos sobre el sostenimiento económico de la Iglesia. Es fundamental que comprendamos que nuestra contribución económica a la Iglesia es una parte de nuestro compromiso y misión. Y, sobre todo, que nos planteemos la forma en que la vamos a hacer realidad. Recomiendo a todos el sistema de suscripción o domiciliación bancaria, que es el que nos permite una mejor organización de los recursos económicos. Madrid está experimentando un tremendo crecimiento urbanístico y la diócesis sigue trabajando, con un gran esfuerzo económico, para dotar de los necesarios servicios religiosos a los nuevos barrios que van surgiendo en nuestra cuidad. Para poder ofrecer esos servicios religiosos, es necesario construir nuevos complejos parroquiales. El presupuesto extraordinario para hacer frente a esta imperiosa necesidad asciende a 10.000 millones de pesetas. Alguna parroquia podrá ser financiada en su totalidad por la propia comunidad parroquial, pero la gran mayoría están situadas en barrios con pocos recursos económicos, y la financiación de esas parroquias se tendrá que hacer, necesariamente, con recursos diocesanos y préstamos bancarios. Para empezar a hacer realidad este proyecto, nuestro cardenal nos propone como objetivo concreto intentar recaudar, entre todos, en la colecta del día 14, los 180 millones que cuesta, aproximadamente, un nuevo complejo parroquial. Me gustaría, al concluir estas líneas, dar las gracias a tantas y tantas personas que, con su generosidad, hacen posible que nuestra Iglesia de Madrid siga siendo fiel a su misión. Nuestro Padre Dios es buen pagador. Tomás Juárez García-Gasco |