RetrocesoA&ONº 186/11-XI-1999SumarioLa fotoContinuar

Cartas y fotos elocuentes
Por gentileza de Plaza y Janés, que edita en español la Biografía de Juan Pablo II. Testigo de
esperanza
, del norteamericano George Weigel, adelantamos, en primicia, estas dos
elocuentes fotos del entonces cardenal arzobispo de Cracovia que ya sentía y vivía las
dos preocupaciones claves de lo que luego es su pontificado: la preocupación por el ser
humano y la pasión por la verdad. Recogemos asimismo fragmentos significativos de
dos cartas inéditas de Juan Pablo II: su primera carta a Gorbachov, y otra al dirigente
comunista chino Den Xiao Ping, que éste tuvo la descortesía de no responder



A SU EXCELENCIA MIJAIL GORBACHOV

La Iglesia católica guarda el mayor respeto y afecto al gran patrimonio espiritual de los pueblos eslavos del Este. Con gran alegría, he querido que, en representación de la Santa Sede y de la Iglesia católica, estuvieran presentes en la importante celebración de Moscú cardenales, arzobispos, obispos y prelados.

He seguido personalmente el desarrollo de la situación internacional y, en primer lugar, las iniciativas a favor de la paz que ha tomado usted. Últimamente, he prestado especial atención a los prometedores avances creados por los encuentros y acuerdos de los pasados meses entre la Unión Soviética y los Estados Unidos de América, y sobre todo los referentes al desarme, que con tanto alivio han sido acogidos por el mundo entero.

He leído con sumo interés las palabras que pronunció usted en su encuentro del pasado 29 de abril con el Patriarca Pimen y el Sínodo de la Iglesia ortodoxa rusa, y he reparado en su observación de que la vida de la comunidad religiosa está vinculada a la sociedad civil por una historia y una nacionalidad comunes, así como en sus palabras sobre el derecho de los creyentes, en tanto que ciudadanos, a la libre expresión de sus convicciones religiosas personales, y acerca de su contribución a la sociedad, sobre todo en lo tocante a los valores y la solución de los problemas más complejos de la sociedad, en particular la causa de la paz.

También he reparado en que hizo usted alusión a la necesidad de cambiar determinadas actitudes que caracterizaron en época anterior a las autoridades del Estado en cuanto se refiere a la Iglesia y los creyentes. La misma atención me ha merecido su anuncio de que en breve será aprobada una ley sobre la libertad de conciencia, que también tendrá en cuenta los intereses de las organizaciones religiosas.

Estoy convencido, señor Secretario General, de que su tarea ha generado grandes expectativas en los creyentes, y una legítima esperanza.

Desde el Vaticano, 7 de junio de 1989.

Johannes Paulus PP. II

A SU EXCELENCIA DENG XIAOPING


Soy de la opinión de que la búsqueda del bien común de la Humanidad favorece un objetivo que es también mi propio y ferviente deseo: un contacto directo entre la Santa Sede y las autoridades del pueblo chino.

Me mueve a ello la profunda responsabilidad propia de mi ministerio religioso como pastor universal de los católicos de todo el mundo, la cual inspira en mí una solicitud especial hacia los católicos que se encuentran en China: hombres y mujeres repartidos por todo el país, que sienten una profunda lealtad y amor a su tierra y que al mismo tiempo se sienten unidos al Papa y a las comunidades católicas de todos los demás países.

Se trata de un vínculo esencial para la fe religiosa de los católicos, un vínculo que por otro lado no puede perjudicar al ideal y la unidad concreta de su propio país, ni ir en detrimento de su independencia y su soberanía.

Taiwán es sin duda una situación larga y complicada en la que se ha visto envuelta la Santa Sede por una serie de acontecimientos que no siempre han dependido de su voluntad. No obstante, albergo la esperanza de que en el contexto de un análisis concreto de la cuestión sea posible llegar a una solución positiva.

Desde el Vaticano, 16 de noviembre de 1983.

Johannes Paulus PP. II