RetrocesoA&ONº 186/11-XI-1999SumarioUsted tiene la palabraContinuar
Libros de interés
Hay libros que oxigenan las facultades del alma, el entendimiento y la voluntad. El entendimiento en la medida en que exige el ejercicio del nuestro para su comprensión; la voluntad se pone en acto con la satisfacción que el lector siente ante discursos bien diseñados. El profesor de Filosofía de la Universidad de Sevilla, Juan Arana, con Las raíces ilustradas del conflicto entre fe y razón, editado por Encuentro, nos propone un ejercicio de higiene mental, que, al fin y al cabo, se traduce en un completo examen de conciencia de lo que ha supuesto la extemporánea utilización de la razón sin razón, bajo el pretexto de ilustraciones meramentre formales. El autor analiza el acercamiento que al fenómeno de la religión hacen los ilustrados: D«Alembert, Maupertuis y Euler, con el innegable acierto de reproducir los tres textos principales de estos autores referidos a la temática abordada. Aunque la joya de la corona se encuentra en el último capítulo: un diálogo, al modo de los platónicos, por ejemplo, con el profesor Jacinto Choza.


En qué medida la filosofía tomista, filosofía perenne, es tan perenne como afirman sus seguidores? ¿Hasta qué punto este sistema, que fue y es capaz de articular el conjunto orgánico de las ciencias y de asentar las bases del más fecundo diálogo entre razón y fe, sigue teniendo vigencia? Nadie mejor que Cornelio Fabro, en su Introducción al tomismo, para contestar a estas, y a otras muchas preguntas, en este texto, ahora reeditado por Rialp en su Biblioteca del cicuentenario. De entre los muchos valores añadidos que se encuentran en estas páginas, el siguiente texto del gran Charles Moehler: Santo Tomás... y, en general, los teólogos escolásticos tenían razón cuando afirmaban que las verdades de razón de que Dios existe y la consideración racional de que Cristo merece fe son «preambula fidei» y no «articula (sic) fidei», pero que eso no está en pugna con la posición de san Anelmo y de san Gregorio Nacianceno cuando afirma que la fe es el fundamento del conocer.

J.F.S.