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Paz a vosotros, hermanas y hermanos, a los cerca de 75.000 religiosas y religiosos que vivís hoy en España y a los más de 20.000 que habéis sido enviados a anunciar el Evangelio en otras regiones del mundo. Paz también a los cristianos que formáis parte de esta Iglesia multisecular. Paz a los miembros de otras religiones y a cuantos buscáis el sentido de la vida con un corazón inquieto, abierto al misterio de Dios. A todos os dirigimos este mensaje de amistad. Queremos compartir nuestras búsquedas y compromisos. Nos abrimos también a vosotros con la esperanza de recibir una palabra que nos ayude a ser más fieles a nuestra vocación.
Estamos a punto de cruzar el umbral del año 2000. Decir año 2000 es recuperar el gozo de los orígenes y sentirnos invitadas e invitados a fijar los ojos en Quien es el centro de nuestras vidas:Jesucristo. Queremos, por encima de todo, que nuestras vidas sean un anuncio creíble de que Él sigue vivo. También éste, a pesar de todas las contradicciones y perplejidades, es un tiempo de gracia y de promesas. Los religiosos y religiosas de España nos reconocemos herederos de una larga historia. Damos gracias a Dios por la riqueza de la vida religiosa en los diversos pueblos y tiempos de España. Nuestro pasado y nuestro presente también tienen sombras. Pedimos perdón a Dios y a nuestros pueblos porque, junto a promotores del diálogo entre culturas y religiones, hubo también algunos religiosos inquisidores; junto a los hermanos y hermanas pobres encontramos a los dueños y dueñas de grandes haciendas, aliados con los poderosos de cada época. También hoy falseamos el Evangelio anteponiendo nuestros intereses a los valores del Reino. Hemos sido y somos a menudo voces proféticas, germen de renovación, pero también cómplices de sistemas opresores, responsables y víctimas del machismo y clericalismo que, en ocasiones, ha caracterizado a la Iglesia. Queremos asumir con realismo este pasado, aprender de él, y continuar la meta de vida y creatividad de nuestros mejores hermanos y hermanas. O aprendemos a dialogar en respeto y amor, o la Historia humana acabará destruida por la opresión de algunos y la lucha infinita de todos. |
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En los últimos años hemos asistido al fracaso del comunismo como sistema de organización social. Tampoco nos satisface una economía de mercado que es, ciertamente, capaz de crear riqueza, pero a costa de muchos excluidos del sistema y de una naturaleza devastada. Nosotros no presentamos una tercera vía original, pero hemos recibido el don de vivir un estilo de vida fraterna y solidaria que se ha revelado humanizador a lo largo de muchos siglos y que es un reflejo del Dios en Quien creemos.
Intentamos conjugar la libertad y la solidaridad. Valoramos a cada persona en su dignidad inviolable. Nos esforzamos por dar todo lo que somos y tenemos. El Evangelio de Jesús constituye una alternativa por estrenar en muchos aspectos relativos a una nueva imagen de mujer. La vida religiosa, tanto femenina como masculina, encuentra aquí un desafío. Queremos empezar el nuevo siglo ensanchando nuestra fraternidad. Nos comprometemos a la audacia profética. Expresamos también pasión por la Iglesia. Queremos ser artífices de unidad. Nos empuja el Espíritu del Resucitado. La castidad por el Reino nos ayuda a amar con todo el corazón, a crecer en ternura y libertad y a denunciar las formas de dominación y de aislamiento presentes en nuestra cultura. La pobreza nos hace solidarios con todos los pobres de la tierra. La obediencia nos inserta en un proyecto común que va más allá de nuestros intereses particulares. Volver a Jesús es siempre el aguijón para una fidelidad creativa. Seguirlo de crca nos hace libres. Dilata nuestra mente y nuestro corazón para ser hombres y mujeres felices. Al celebrar el segundo milenio de su nacimiento, recordamos también que no somos funcionarios de su causa, sino, sobre todo, sus amigos y amigas. Queremos expresar esta relación de amistad a través de una oración asidua que implique nuestra vida entera. No es raro que cuando nos preguntan quiénes somos respondamos describiendo nuestra función social:Colaboro con una parroquia. Atiendo a los enfermos. Doy clases.Trabajo con toxicómanos. Oyendo a veces nuestras respuestas, da la impresión de que nos identificamos por lo que hacemos y no por lo que somos. Jesús nos ha llamado a ser sus amigos y a dar fruto abundante y duradero. Sería triste que esperasen de nosotros una propuesta de sentido, una curación, y se encontraran sólo con hombres y mujeres ocupados en hacer muchas cosas, pero incapaces de señalarles un camino espiritual, una experiencia de vida plena. Somos sensibles a la voz de los pequeños, de los que sufren, de todos lo que viven situaciones injustas e inhumanas. Queremos estar muy cerca de las familias en paro, de las víctimas de la droga, de los enfermos de sida, de los presos, de las mujeres y niños maltratados, de los ancianos solos y desprotegidos, de las víctimas del fracaso escolar, de los refugiados, de los muchos inmigrantes que cruzan nuestras fronteras en busca de trabajo y seguridad. Tal vez ha pasado ya la hora de encargarnos de las grandes instituciones asistenciales, pero no la hora de la ternura y del compromiso con todos, especialmente con los excluidos de la sociedad del bienestar. No podemos confundir la formación permanente con el conocimiento superficial y sesgado que a menudo proporcionan la prensa, la radio o la televisión. Quisiéramos evitar ser víctimas de un exceso de comunicación que no crea ninguna relación cercana, que multiplica infinitamente la soledad y el vacío. Nos dirigimos, finalmente, a los más jóvenes de nuestras familias religiosas y a los que estáis pensando formar parte de ellas:la aventura del Evangelio sigue siendo fascinante. Hoy es tiempo de compasión. Porque se han enfriado las utopías, hoy es tiempo de esperanza. |