RetrocesoA&ONº 187/18-XI-1999SumarioEn portadaContinuar
Cita con el cardenal Herrera Oria
Don Ángel Herrera Oria no era nuestro invitado de piedra. Un retrato suyo acompañó
la conversación. No quisimos que se mantuviera mudo. La memoria, el ejercicio
del recuerdo histórico, nos permitió su presencia. El entrevistador quiso formular
estas presguntas con textos tomados de discursos del cardenal Herrera Oria
. El entrevistado glosaba el pensamiento del que fuera el gran reformador del
catolicismo español contemporáneo. Fue una cita entre citas

En lo que es pura ciencia política sabemos muy poco más de lo que sabía Aristóteles (Ángel Herrera Oria)

Ángel Herrera, en su concepción política, es un tomista y, por tanto, un aristotélico. En la pura sustancia de las cosas, esta afirmación es absolutamente real. Otra cosa sería el accidentalismo, la técnica, el equipamiento metódico. Ahí esta afirmación ya no tendría tanta vigencia.

No se puede separar el arte de la política de la ciencia de la política; no se puede separar la ciencia de la política de la ciencia moral; no se puede separar la ciencia moral de la metafísica (Marcelino Menéndez Pelayo)

Es propio en el orden mental de Herrera Oria establecer una concepción clara del saber, que sería: en primer lugar, la Teología, en su forma de Teodicea. Posteriormente, la metafísica, la gnoseología, y luego la filosofía moral. Y dentro de la filosofía moral, la filosofía política. Esto es así de claro. Yo diría, al final, que esa metafísica no se puede separar de la Teodicea.

El mayor bienestar posible para el mayor número posible; la mayor inteligencia posible para el mayor número posible; y la mayor moralidad posible para el mayor número posible (Jaime Balmes)

Tengo que recordar un aspecto de don Ángel que es su gran reivindicación social. Hace unos años, José María García Escudero publicaba un artículo titulado Si don Ángel viviese hoy..., y decía, con bastante certeza, que si don Ángel viviese hoy su preocupación no hubiese sido tanto lo social, sino Lo Cultural con mayúsculas. Hablamos de un mundo globalizado con mucha ligereza, con mucha alegría. Yo pregunto: ¿estamos ante un mundo globalizado, o ante una parte del mundo que se globaliza frente a otra parte que cada vez más se esclaviza en beneficio del otro? El concepto global del mundo no es el concepto global de los ricos del mundo, sino el de todos. Don Ángel, en estos tiempos, hubiese tenido una manifiesta preocupación por el tercer mundo y por los países en vías de desarrollo.

Las autoridades políticas se basan en relaciones de orden jurídico. Las sociales, en relaciones de orden moral. Las autoridades políticas se imponen. Las sociales se aceptan espontáneamente (Ángel Herrera Oria)

En cierto sentido, lo que se recoge fundamentalmente es la doctrina de la potestas, en cuanto que autoridad política, que actúa en virtud de un poder ejercido y no siempre desde una autoridad socialmente reconocida. Lo ideal en la autoridad política es que tenga, también, la auctoritas, que ese poder sea socialmente reconocido. Lo que ocurre es que muchas veces no pasa así. Aquí se puede reivindicar algo muy importante: la vida social, la vida civil. La presencia de los pueblos a través de sus formas naturales y espontáneas de manifestación. Los católicos debemos, por lo tanto, reivindicar una mayor presencia social, real, efectiva, que sea determinante, a partir de la construcción de cuerpos intermedios, que no se queden solamente en la persona y en la familia; por cierto, esta última institución está siendo brutalmente dañada, y recientemente más, con una sentencia del Tribunal Constitucional. Hay que reivindicar la manifestación natural de la sociedad, que es en la que recae esta auctoritas reconocida por todos los demás. También nos habla esta frase de un principio abandonado: el de la subsidiariedad. Hay que hacer una recta construcción de la sociedad desde abajo a arriba, en donde los poderes superiores lo único que abarcan son aquellas competencias que no pueden ser propias de lo que a otros cuerpos intermedios, inferiores, les correspondería. Cada vez más tendemos a un poder alejado de la realidad social. Tampoco podemos olvidar que las reivindicaciones que hacemos los católicos en la vida pública son de recta razón, de bien común. Lo puede ver quien tenga y quien no tenga fe.

J. F. S.