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El arzobispo de Madrid, en la conferencia conclusiva de la Jornada diocesana de la Campaña Deuda externa, ¿deuda eterna?, propuso los siguientes criterios para que la citada campaña no se quede en pura retórica:
-Que sea consecuencia de una conversión, de un cambio de actitudes. -El perdón de la deuda tiene que ser real y socialmente operante, y no solamente una operación financiera. -Que alivie realmente los males de tantos millones de personas en el mundo, respetando su dignidad como seres humanos y su dignidad como pueblos protagonistas de su propio destino. -Para que la condonación de la deuda tenga sentido, debe ser compartida por todos, no sólo por los Gobiernos y los Bancos. -No hay despertar de conciencia social sin un despertar de la conciencia personal, porque si no, puede ocurrir el escándalo de que este dinero que condonamos llegue al final a nuestras cuentas bancarias y a nuestros bolsillos. -Que beneficie no sólo a los países del sur, sino también a algunos del centro y Este de Europa. |