RetrocesoA&ONº 187/18-XI-1999SumarioMundoContinuar
Juan Pablo II en Georgia
El final del «invierno»
El invierno ha pasado. Éstas fueron las últimas palabras de Juan Pablo II en Georgia,
en el aeropuerto internacional de Tiflis, al concluir su 89 viaje apostólico internacional.
Y ciertamente, al pronunciarlas, no estaba robando cámara al hombre del tiempo,
pues el viento que soplaba procedente de las montañas caucásicas presagiaba precisamente
el duro invierno que ahora comienza en esas tierras. Al afirmar que el invierno ha
pasado
estaba sintetizando las horas que transcurrió en la patria de Stalin

En efecto, ha pasado el invierno en las relaciones entre la Iglesia católica y la Ortodoxia. Quizá los medios informativos esperaban que los georgianos saludaran al Papa con el entusiasmo de los ortodoxos rumanos, el mes de mayo pasado. Sería olvidar que estos caucásicos no son de cultura latina, como los rumanos, e ignorar la historia de las Iglesias ortodoxas en estos lugares. Y, sin embargo, el Patriarca Ilja II, y su Santo Sínodo, han dado un paso de una valentía que sólo en el futuro podremos comprender. Sabían perfectamente que al invitar al Papa de Roma a Tiflis, sin pasar antes por Moscú, se ganarían los recelos -e incluso las amenazas- del Patriarca de la Gran Madre Rusia. Ilja II, el hombre que ha bautizado al último ministro de Exteriores de la Unión Soviética, el actual Presidente de Georgia Eduard Schevernadze, acogió al Papa con esa dignidad y profundidad propias de un Patriarca caucásico. No se le podían pedir gestos de cariño con el Papa, como los manifestados por Schevernadze, pues serían impropios de la persona y del momento.

Un detalle: Juan Pablo II nombró obispo en Tiflis al sacerdote que hasta ahora ha guiado los destinos de las pequeñas comunidades católicas del Cáucaso, que en estos últimos diez años han salido de las catacumbas. Un gesto así hubiera rasgado las vestiduras de la Ortodoxia rusa. Para Ilja II, no fue más que una decisión lógica y necesaria del Pontífice. De no haber recibido su consentimiento, el Papa no hubiera tomado la decisión, y menos en la misma Georgia. Es más, el Patriarca comprendió que este gesto es fruto del cariño que siente el obispo de Roma por su tierra georgiana. De hecho, el mismo Pontífice anunció que quería consagrar personalmente a monseñor Giuseppe Pasotto, en Roma, el próximo 6 de enero.

En el espacio de siete meses, el diálogo entre Roma y la Ortodoxia ha dado un paso de gigante. El Papa, de anciano, ha logrado lo que no pudo hacer en sus primeros años de pontificado: por primera vez en la Historia, un Patriarca de Occidente ha pisado tierras ortodoxas (Rumanía y Georgia), y ya son cuatro las repúblicas ex soviéticas que ha visitado (pisó los países bálticos en 1993). ¿Quién hubiera dicho, hace un par de años, que el Papa celebraría los diez años de la caída del Muro con Schevernadze en Georgia, junto al Patriarca ortodoxo?

¿QUÉ PASA CON MOSCÚ?

Pero entonces, ¿qué pasa con Moscú? El mismo día en que el Papa dejaba Chechenia, el Patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa, Alejo II, explicó que un posible encuentro con el Papa podrá tener lugar sólo después de que se superen las controversias que separan a las dos Iglesias. Hay problemas sobre los que hay que encontrar todavía una solución, aclaró. El Patriarca más influyente de la Iglesia ortodoxa -más que el de Constantinopla- no se refería a cuestiones teológicas, o de diálogo ecuménico. Hablaba del sorprendente renacimiento que están experimentando los católicos en la antigua Unión Soviética y la Iglesia greco-católica en Ucrania. No hay que exagerar: no son cifras que deberían causar preocupación a los ortodoxos, pues son siempre pequeñísimas minorías perdidas en los antiguos satélites comunistas y en Siberia. Ahora bien, en una Iglesia ortodoxa, en la que la práctica religiosa de sus fieles es muy inferior incluso a la de los países más secularizados de Occidente, como por ejemplo los Países Bajos, estas comunidades dinámicas y hasta hace poco martirizadas suscitan comprensibles recelos y ancestrales temores en la Ortodoxia nacionalista rusa.

La reacción del Patriarca tenía lugar en el mismo día en el que uno de los periódicos rusos más prestigiosos, el Kommersant, constataba que una visita análoga a Moscú sería muy bien vista por las autoridades rusas y por la población, pero sólo disturba al Patriarcado. En varias ocasiones, Boris Yeltsin ha renovado la invitación que en el pasado hizo Mijaíl Gorbachov al Pontífice para que visite Rusia. Ahora bien, Juan Pablo II no aceptará la propuesta hasta contar con la aprobación del Patriarca de Moscú, pues de lo contrario el viaje apostólico no serviría para avanzar en el camino ecuménico entre católicos y ortodoxos.

Nuestras fuentes en Moscú nos confirman que Alejo II hubiera aceptado los dos encuentros programados en el pasado con Juan Pablo II y que canceló a última hora. Sin embargo, su Sínodo, y en particular el encargado de las relaciones exteriores del Patriarcado ortodoxo ruso, quien tiene todas las posibilidades de sucederle en el cargo, Kirill, se ha opuesto frontalmente. En la Ortodoxia moscovita existen todavía sectores que quieren volver a convertirse en religión oficial del Estado.

Jesús Colina. Roma