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Para la beatificación de un mártir no se requiere un milagro, sino la declaración de martirio, que decide el Papa, cuando se verifican los elementos propios: dar la vida por motivos religiosos, no políticos o sociales; morir perdonando y rezando por los perseguidores; que éstos actúen por odio a la fe cristiana o a la Iglesia, etc.
Para la canonización del mártir se exige la prueba de un milagro. Para proclamar santos a los mártires de Turón ha sido aprobada la curación milagrosa de Rafaela Bravo Jirón, de 25 años, natural de León (Nicaragua), de profesión maestra, que tenía un tumor altamente maligno, incurable con medios científicos, porque era necrótico y sangrante y la infiltración llegaba hasta los huesos. El mismo día de la beatificación de los mártires de Turón, y después de haber pedido con gran fe y devoción su intercesión, repentinamente la enferma sintió una notable mejoría, que prosiguió en los meses y años sucesivos hasta llegar a su curación completa, sin que los médicos hayan podido explicarla científicamente. La señora Bravo Jirón lo atribuyó todo esto a la intercesión de los mártires que el Papa estaba beatificando el 29 de abril de 1990 en Roma. Pasados casi diez años, la enferma se encuentra totalmente restablecida, y la curación ha sido considerada milagrosa por cuantos médicos la han examinado en Nicaragua, y también por el Colegio de Médicos que han estudiado el caso en el Vaticano. |