RetrocesoA&ONº 187/18-XI-1999SumarioTestimonioContinuar
A la política
El Evangelio da a Cristo el título de Príncipe de la Paz, porque ha restaurado la paz entre Dios y el hombre, después del pecado original. La ruptura queda superada magistralmente:Yo soy el camino, la verdad y la vida.

Sin una paz duradera y estable, que sólo puede traer el Príncipe de la Paz, es difícil dar a los hombres alimento, salud, trabajo, educación y cultura. Es Cristo quien lo dice, y sobre todo a los católicos: Buscad ante todo el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura.

Nos dejamos fácilmente alucinar por el señuelo de que la abundancia de bienes materiales -pilar sobre el que pretenden fundamentarse la inmensa mayoría de las políticas hoy en el mundo- es lo único capaz de asentar la paz y el progreso de un pueblo.Pero… no sólo de pan vive el hombre.

Y es que todo hombre se pregunta acerca de lo bueno, acerca del sentido de su vida, y… ¿qué le responden hoy los políticos, incluidos los cristianos, acerca de lo que es bueno?: el empleo, la baja inflación, las pensiones, el crecimiento económico, el escaso déficit… Cuando el político cristiano deja de serlo, responde precisamente con conceptos y objetivos exactamente iguales a los de quienes no son cristianos.

Pero Cristo responde, a todo hombre, a la sociedad:No robarás, no matarás… amarás al prójimo como a ti mismo; y también: Vende lo que tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en los cielos, luego ven y sígueme. El político cristiano no puede permitir que el rostro de Cristo se oculte, que quede velado, de manera tal que no podamos interpelar al Maestro. No en vano Él es el camino, la verdad y la vida.

Sólo socorriendo esta anemia espiritual del hombre se terminará con tantos males que se deploran, pero que no sólo no se corrigen, sino que se fomentan: esa agresividad verbal, ese afán de revancha, de codicia y de inmoderado deseo de prestigio y de poder. Sólo entonces habrá una paz duradera que permita el desarrollo de los pueblos.

Y no se diga que ésta no es una política realista. La experiencia debería haber enseñado a todos que la política orientada desde las verdades eternas y las leyes de Dios es la más real y eficaz de las políticas.

¿Acaso creemos que si somos incapaces de cumplir diez mandamientos, vamos a ser capaces de someternos al interminable cúmulo de leyes civiles que nos hemos dado?Los pueblos realistas que piensan de otra manera no crean más que ruinas. Como hace muy poco leíamos a un monje trapense: Cuanto más se le destierre a Dios de la sociedad, más miseria habrá.

Al caer en la cuenta del olvido que las criaturas tienen hoy en día por su Creador, entendemos muy bien los arranques de los santos, como un san Francisco de Asís, que gritaban por calles y plazas en nombre de Cristo pasando por los locos... pero en realidad estaban cambiando el mundo.