RetrocesoA&ONº 188/25-XI-1999SumarioDesde la feContinuar
Al Señor de los pobres y de los que buscan a Dios
Capuchinos,
hermanos del pueblo
Con la mano y con los ojos es suficiente. Cuando nos presentaron, el Ministro General de la
Orden capuchina, el canadiense John Corriveau, me extendió su mano y me miró fíjamente a los
ojos, con una mirada transparente como la claridad del color de sus pupilas. Fue suficiente para
darme cuenta de que no necesitamos que san Francisco vuelva, porque su espíritu se sigue
encarnando. Sencillo y puro Evangelio

Hermano John, ¿quiénes son los capuchinos en el final del milenio?

En el final del siglo XX hay entre nosotros una conciencia muy clara de nuestra identidad dentro de la Iglesia. La eclesiología de hoy es la eclesiología de la comunión. Mi opinión es que esta realidad es un punto muy importante para la relación con el mundo, dado que conecta con el deseo profundo de unión de la Humanidad. Llevamos treinta años intentando conjugar la espiritualidad franciscana dentro de la teología de la comunión. Este hecho viene, además, ratificado por una carta que Juan Pablo II nos ha escrito a los capuchinos, el 18 de septiembre de 1996. El Papa nos ha recordado algunos puntos fuertes de nuestro carisma. Juan Pablo II nos ha dicho que una fraternidad capuchina es un punto de referencia cordial y accesible para los pobres y para cuantos buscan a Dios. Para mí es una descripción maravillosa del carisma de san Francisco, quien asume su conversión como el descubrimiento de la fraternidad que traduce el Evangelio de Cristo. San Francisco es el hombre de la comunión desde la construcción de la paz y de la justicia.

Traducir el concepto de fraternidad es siempre complicado. ¿Cómo puede existir la fraternidad en un mundo en el que hay ricos y pobres?

Nosotros hemos descubierto que san Francisco tenía un motivo para su pobreza. Había visto cómo la avaricia destruye al hombre, la relación entre los hombres y la relación entre el hombre y Dios. ¿Qué podemos hacer en nuestro mundo para dar un testimonio que ponga en entredicho la conjunción de intereses económicos movidos por la avaricia? Nosotros planteamos como respuesta la solidaridad y la mutua dependencia. A esto hay que añadir que proponemos que nuestra vida esté inserta entre la gente, especialmente entre los pobres; en resumen, un modo justo y fraterno incluyendo la administración de los bienes, de la economía. Si en el mundo la buena administración consiste en conservar el capital, nosotros proponemos que un buen administrador es el que construye fraternidad. Conservar el capital, lo que hace la avaricia, significa concentrar todas las decisiones del lado de los pocos; construir la fraternidad significa compartir las decisiones con los que menos tienen. No podemos salir de la economía global, pero sí podemos vivir en la economía global de un modo diferente, de tal modo que constuyamos la comunión de la Humanidad. Todo esto hecho desde la minoridad, que será, probablemente, el tema del próximo concilio plenario de los capuchinos.

A san Francisco el Señor le dijo que construyera su Iglesia. ¿Cómo realizan los capuchinos esta misión hoy?

Construir la Iglesia es crear la comunión con Cristo de los hombres. El Papa ha beatificado recientemente a dos capuchinos. Uno, el famoso padre Pío de Pietrelcina, un hombre marcado por la minoridad. El Papa dijo que el padre Pío era uno de los padres capuchinos que ha contribuido a la redención del mundo con una vida de oración y de escucha a sus hermanos. Habló de la humildad del padre Pío, no tanto de los fenómenos extraordianrios que padecía. Su punto central fue la humildad. Posteriormente, el Papa ha beatificado a un hermano laico de Cerdeña, conocido como el hermano Silencio, que caminaba por las calles en silencio y, sin embargo, era una referencia para la gente. Éstos son dos ejemplos de la minoridad, de la humildad que debe caracterizar a los capuchinos.

La imagen del capuchino es la de un hombre del pueblo, encarnación de la Iglesia en medio de la gente.

Para nosotros un elemento de la vida religiosa es vivir como la gente que vive alrededor nuestro. En Italia, el gran autor Manzzoni nos ha llamado a los capuchinos hermanos del pueblo. Si podemos conservar el título de hermanos del pueblo es para ponerlo al servicio de la Iglesia.

¿Cuál es el lenguaje que se debe utilizar en el diálogo interreligioso?

El lenguaje de san Francisco de Asís. Nuestro punto de partida es siempre san Francisco. La minoridad es contraria a toda prepotencia. Lo que divide a las religiones es la prepotencia de querer controlar a los otros. Hay que vivir el mutuo respeto, que es condición del diálogo. Cuando san Francisco ha dialogado con el Islam, ha pedido que los hermanos en religión se comportaran de esta manera: servir a todos, vivir en paz con los otros y presentar la fe en Jesucristo. Si se sigue este proceso, luego vendrá el bautismo.

Si san Francisco volviera a este mundo...

No te lo puedo decir. San Francisco era un hombre de gran creatividad. La presencia de Francisco en su sociedad fue tan fuerte que se le consideraba el Cristo de Umbría, se le consideraba como la nueva manifestación de Jesucristo entre el pueblo. Así de impresionante fue el testimonio de su vida. Los franciscanos hemos siempre visto el espíritu de san Francisco como el sello de Dios. Esto no significa que yo crea que hoy no seamos capaces de seguir el modelo de san Francisco de Asís. Nadie puede decir que sigue perfectamente a Jesucristo. Ningún capuchino puede decir que no sigue y ama a san Francisco de Asís.

José Francisco Serrano