RetrocesoA&ONº 188/25-XI-1999SumarioDesde la feContinuar

NO ES VERDAD

En el Metro, esta mañana: primero son tres andinos que cantan las canciones de su tierra, vestidos con sus trajes típicos y piden la colaboración económica de los viajeros; dos estaciones después, entra una señora rumana que desgrana una lastimera letanía de quejas y vuelve a pedir; a la estación siguiente entra un muchacho que dice que tiene el sida y que no puede trabajar; antes de llegar a mi estación de destino todavía entra un matrimonio portugués con un acordeón asmático… todos solicitan la comprensión y la ayuda económica de los viajeros. Tanto en las estaciones de transbordo como en la de destino, en cada pasillo hay varias personas pidiendo, y otras, acurrucadas entre cartones, algunos, con una botella al lado. Un día y otro día, y otro día, los comentarios son para todos los gustos: desde el ¡Pobrecitos!, hasta el ¡Que trabajen como los demás! o el ¡A mí también me gustaría que me dieran una casa, pero no soy rumano ni gitavo! Pero, si es que no quieren trabajar. Yo les he ofrecido trabajo, descargando camiones en el mercado y al día siguiente no han vuelto. Prefieren vivir de lo que les da la gente, dice uno. Pues yo creo -dice una señora- que lo primero que tiene que hacer el Gobierno es atender a los de casa y luego podrá repartir lo que sobra. Un señor anciano, silencioso hasta ese momento, tercia: ¿Y cuándo sobra? Naturalmente nadie responde, menos un muchacho, bien vestido, con un libro en la mano, que antes de salir del vagón se dirige respetuosamente al anciano y le dice: ¿Ha leído usted en el periódico lo que van a ganar algunos señores de la Telefónica?, y una chica al lado añade: Pues anda que los futbolistas… Esto, esta mañana misma, ya digo, en el Metro de Madrid. Parece como si el chiste que ilustra este comentario hubiera sido dibujado y escrito adrede.

El Secretario General del Partido Socialista Obrero Español, señor Almunia, ha iniciado su particular campaña electoral, ofreciendo una ampliación de los supuestos legales del aborto. Parece lícito preguntarse: ¿cómo me voy a fiar yo de que un señor así pueda defender mi vida de cada día, si empieza por no defender la vida del ser humano más inocente e indefenso? Algún editorialista de periódico ha señalada ya, con buen criterio, que no se trata de una disputa que enfrente a creyentes y a no creyentes, sino a quienes estiman que el concebido merece la protección del derecho a la vida, inherente a toda persona, y a quienes lo niegan. Hablando en plata, vamos: que no es una cuestión de fe o de no fe, sino de elemental educación moral y de limpieza mental imprescindible

Algunos líderes políticos vascos parecen querer hacer buena aquella anécdota que se contaba de don Eugenio d’Ors, quien, al parecer, cuando terminaba de escribir algo, preguntaba a su ama de llaves: ¿Está claro? A lo que ella respondía: Está muy claro, don Eugenio; y el maestro concluía: Pues, entonces, vamos a oscurecerlo un poco. Algo así puede decirse, por ejemplo, del señor Consejero vasco de Interior, don Javier Balza, que tiene la desfachatez de mantener su reciente pretensión de que se compense a ETA por la detención de la etarra Belén González Peñalba, alias Carmen. A que va a resultar que ahora la gente honrada va a tener que pagar a los delincuentes por haber cometido el pecado de detenerlos. A lo mejor algunos proponen por eso un D.N.I. propio de los vascos, diferente del los demás españoles.

Gonzalo de Berceo