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Si un joven ha entrado en contacto con religiosos, no saldrán de sus labios más que alabanzas y bellas palabras al referirse a ellos. Si se le pregunta, en cambio, si está dispuesto a seguir sus mismos pasos... bueno, eso ya es otra cosa. Lo dice un estudio elaborado para la CONFER por el Departamento de Investigación Sociológica de los jesuitas, que ha tomado una muestra de 1.500 jóvenes, la inmensa mayoría de los cuales trabaja, colabora, se forma con ellos, o bien lo hizo en el pasado. El trabajo, cargado de autocrítica, pretendía sacar a la luz aquellos aspectos en los que falla la pastoral juvenil y, en última instancia, responder a la pregunta: ¿por qué la sequía de vocaciones?
Pero no. A grandes rasgos, no es culpa de los religiosos. En ellos descubren los jóvenes claramente (en muchos casos, en un porcentaje de las respuestas cercano al 100%) altos valores: a personas orantes, acogedoras, evangélicas, entregadas a los demás, sensibles a la amistad, comprometidas, alegres, desprendidas y, aunque con porcentajes más bajos, también a personas libres (72%), avanzadas (71%) y preparadas para lo que el mundo cristiano y la sociedad pide de ellos (56%). Y admirado es, igualmente, el estilo de vida de los religiosos, especialmente la vida de relación con Dios, la vida en comunidad y la pobreza evangélica. Pero los jóvenes son hijos de su tiempo y reflejan, quizá más que ningún otro segmento de edad, los valores del momento. ¿Cómo no amedrentarse, pues, ante un sí que es para toda la vida? Un obstáculo serio para el 73% de los encuestados, casi idéntico porcentaje que el que pone el acento en el voto de castidad. Dicen, también, en un 71% de los casos, que no ven compatible la libertad con la vida religiosa y la consideran, en un 67%, como una renuncia a la capacidad de decidir personalmente lo que se desea ser y hacer. Hablan ahora en nombre de su generación, y constatan en ellos una fe débil, muy lejos de la que requiere la vocación religiosa. De ahí el hedonismo, la incapacidad de aceptar las renuncias que asume un religioso (64%), más cuando ciertas funciones muy apreciadas en ellos, las caritativas, se pueden vivir hoy, también, siendo seglares. ¿Y la igualdad de la mujer? Se les planteaba, textualmente: La cultura actual, cada vez más, va rechazando la subordinación de la mujer en la sociedad a un segundo puesto, en todos los niveles (familia, autoridad, profesiones...); pero, aun dando por supuesto que la vida religiosa femenina ha sido una de las grandes promotoras de la mujer en la historia moderna, es un hecho que el puesto de las mujeres en la Iglesia es de subordinación. Asienten el 46%, menos de la mitad. Pero respecto a los datos absolutos, es interesante fijarse aquí en la distribución de las respuestas según sexo y edad. ¿Resultado? No hay diferencias: no son variables que cambien las conclusiones Ricardo Benjumea |