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Nos hemos reunido en Madrid cerca de 2.000 profesores de Religión católica, de todo tipo de niveles educativos y de centros escolares, estatales y de iniciativa social. Somos conscientes del contexto sociocultural en el que tenemos que realizar nuestra tarea educativa. Estamos inmersos en una verdadera revolución cultural que se asienta en una manera de entender al hombre y al mundo, así como su realización y desarrollo, en la que Dios no cuenta. El lenguaje sobre Dios va siendo cada vez más insignificante en el espacio público e incluso en la vida cotidiana. A la vez constatamos un resurgimiento de nuevas formas de experiencia religiosa. En este contexto, en los umbrales del tercer milenio, proclamamos que el gran servicio de la enseñanza religiosa a la educación es el anuncio de Jesucristo que ha venido a dar testimonio de la verdad: la verdad de Dios y la verdad del hombre, que nunca puede ser reconocido plenamente al margen de Dios, y menos aún en contra de Dios. Jesucristo, Dios y Hombre, es el Camino, la Verdad y la Vida, es el Señor que proponemos y de Quien somos testigos. Por eso, creemos que la enseñanza religiosa en la escuela es una propuesta de vida. Nuestro compromiso nos lleva a las siguientes líneas de reafirmación:
-El saber religioso contribuye a educar y a humanizar a los alumnos, haciendo de ellos personas responsables. Desde nuestra experiencia afirmamos que la enseñanza de la Religión, que es diferente de la catequesis, aporta elementos relevantes para la consecución de la formación humana que pretende el sistema escolar, y se centra en la persona, y ayuda al alumno a encontrar sus raíces, a vivir con esperanza y a fundamentar sus ideales más nobles. -En el marco de un país occidental como el nuestro tiene especial sentido la enseñanza de la Religión católica en el contexto escolar, para poder así interpretar nuestro mundo cultural, artístico, histórico y filosófico, y responder al derecho de los padres que libremente deseen esa formación para sus hijos. De ahí la legitimación objetiva de la presencia de la enseñanza de la Religión en los currículos escolares de todos los centros, no sólo de España sino de Europa, como ha reiterado en varias ocasiones, y recientemente, el Consejo de Europa. |
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-Nos compometemos a mantener muy vivos los objetivos de la enseñanza religiosa escolar; estimular a que, desde el conocimiento de la fe cristiana, tenga lugar el diálogo interdisciplinar entre el Evangelio y la cultura humana; promover el desarrollo de la dimensión transcendente del ser humano en el proceso de la formación de la personalidad: incorporar el saber de la fe en el conjunto de los demás saberes y la actitud cristiana en el interior de la actitud general que el alumno va adoptando en la vida;
-a hacer de la ERE la fase inicial de una formación permanente; para ello es preciso motivar el gusto por lo ya aprendido, poner a los alumnos en contacto con otras fuentes de conocimiento, capacitar para aprender por sí mismo en la vida y desde la vida, acercarles a la Parroquia y a los grupos de pastoral juvenil. -A los profesores y profesoras de Religión nos corresponde trabajar asiduamente para que los alumnos comprendan la importancia y la necesidad de la ERE. Procurar que sea vivida por los alumnos como una experiencia positiva, de descubrimiento intelectual, que les interesa porque les ayuda a aclarar lo que actualmente viven, por el horizonte nuevo que abre a su futuro y por la iluminación de las cuestiones sobre las cuales ellos se interrogan. -A los profesores y profesoras de Religión nos corresponde posibilitar un diálogo permanente entre el mensaje cristiano y la cultura de los alumnos, entre el Evangelio y la visión de la realidad que ellos tienen, sus modelos de pensamiento, sus códigos éticos y los criterios que les sirven de guía, sus expectativas, sus interés, sus miedos. -Nos comprometemos a mantener atenta la mirada a la síntesis del mensaje cristiano y a la sensibilidad de los alumnos: proponer el mensaje y acontecimiento cristiano en el contexto de nuestra tradición cultural, profundizar sus implicaciones sociales y su vertiente moral, introducir a los alumnos en la reflexión teológica del misterio cristiano y ayudarles a que descubran su significado humano y social; -a asumir el reto de proponer la ERE como un aprendizaje significativo que incide en todos los ámbitos y dimensiones de la persona; y para ello, utilizar una pedagogía participativa que parta de interrogantes vitales; estimular la lectura de textos selectos, especialmente de la Escritura, la investigación personal, la inclusión de gestos significativos, el encuentro con testigos, y, sobre todo, la relación de confianza y sinceridad entre profesores y alumnos. -Los profesores de Religión católica somos, ante todo, educadores. Ofrecemos a los alumnos las raíces de nuestra cultura, intentamos dar respuesta a las preguntas de fondo que nos hacemos los seres humanos y mantener un diálogo permanente entre el Evangelio y la cultura. Al mismo tiempo colaboramos con los demás profesores en el diseño y puesta en práctica del Proyecto Educativo del centro escolar. Nada de ello podría realizarse sin una cuidada atención a nuestro perfil profesional. -En el contexto sociocultural en el que nos encontramos, es preciso hablar de Dios a nuestros alumnos, como habla de Él un creyente: desde el encuentro y acogida de Él, desde el camino hecho con Él. Estamos convencidos de que el primer lenguaje del hombre es su propia vida: por eso hemos de hablar de Dios y dar testimonio de Él a nuestros alumnos al hilo de la vida y a través de la coherencia de vida. -Nos compometemos a cooperar activamente en el centro con la comunidad educativa de la que formamos parte y con los profesores de otras áreas en programas educativos y sociales y, a la vez, a proponer a los alumnos de Religión los rasgos y las raíces del verdadero humanismo que tienen su fuente en el Evangelio y los valores que nos enseñó y encarnó en su propia vida Jesucristo; -a presentar en la clase de Religión el mensaje cristiano en toda su integridad, tal como la Iglesia lo cree, vive y celebra. A ser testigos de la fe en Jesucristo, a proclamarle como el Salvador en comunión con la Iglesia que nos envía a realizar su misión en el mundo de la cultura. |